Si hoy viviera  Woody Guthrie encontraría entre los suyos a dos hermanos de sangre contemporáneos: el norteamericano Steve Earle y el británico Billy Bragg. Hablamos de Guthrie para referirnos a una manera muy concreta de enfocar el mundo de la canción: el que utiliza la canción para protestar y desnudar las vergüenzas de la sociedad, o, para que todos nos entendamos y sin marchamos peyorativo,  el que apela y se subroga bajo la etiqueta de  “canción protesta”. En su espejo se han mirado otros ilustres como Bob Dylan. Como aquel don Quijote que se enfrentaba a los molinos con una lanza Guthrie pelea a la contra o predica en el desierto con su discurso social y humanitario en nuestro mercado. Discos como Life's A Riot (83), Don't Try This at Home (91) y asociaciones con otros grupos, como Wilco con los que publicó  Mermaid Avenue (98) y Mermaid Avenue, Vol 2(2000), REM o artistas como Pete Seeger. Bragg no sólo es sinónimo de autenticidad, compromiso o verdad sino que además es un excelente músico que amplifica el poder de la música a un volumen  al que quizá hoy todavía  no estemos preparados. 

Luis Morganti


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